16 abr'11

Lectura: El talento está sobrevalorado

Hacía tiempo que lo había leído, pero hoy me vino a la mente este libro, pensando en lo que suele diferenciar aquellas personas que consiguen éxito profesional y aquellas a las que sólo oyes lamentarse por lo poco que tienen, y me he animado a compartirlo aquí.
Lo cierto es que yo era de los que pensaba que o bien nacías con determinadas habilidades, o bien no obtendrías buenos resultados según qué tareas. Incluso estuve un tiempo reflexionando ‘qué dones podría tener’ para tratar de averiguar si había algún ámbito en el que podría destacar ‘de manera natural’.
Hasta que en un aeropuerto, retornando de un viaje de trabajo, me topé de casualidad con este libro: “El talento está sobrevalorado”, de Geoff Colvin. Y ocurrió uno de esos momentos que no sabes valorar en ese instante, pero que luego recuerdas como un suceso trascendente en tu vida. Y lo fue, porque me cambió mi manera de pensar acerca del talento y del trabajo.
Hoy día, sigo pensando que todos tenemos una mejor predisposición a determinadas tareas que otras personas. Aquellos que son extrovertidos suelen destacar mejor en gestiones comerciales que otras personas que sean tímidas, y quienes tienen una mejor capacidad de abstracción suelen analizar mejor que aquellos que se centran siempre en detalles (hablando de forma genérica).
Sin embargo, lo que me ha aportado el libro es entender que gran parte de esa predisposición viene dada por un cúmulo de circunstancias y de hechos, apenas perceptibles, que podemos llevar arrastrando desde hace años.
A continuación algunas anotaciones que consideré interesantes:
1. El concepto de práctica deliberada

El autor defiende que gran parte del éxito de la mayoría de las personas que han trascendido por su talento, proviene de un ejercicio continuo, concentrado e intenso a lo largo de los años. Lo que él denomina ‘práctica deliberada’, para diferenciarlo de la práctica autómata, sin pasión ni concentración.

El factor que parece explicar mejor el rendimiento extraordinario es algo que los investigadores conocen como la práctica deliberada. La práctica deliberada resulta dura. Duele. Pero funciona. En todas las esferas de actividad, la concentración necesaria es tan intensa que resulta agotadora.

2. No es sólo cuestión de inteligencia

Geoff Colvin afirma que ser inteligente, desde su concepto más tradicional, no es suficiente. Incluso que la memoria por sí sola no basta para justificar un rendimiento extraordinario.

El autor menciona un estudio en el que se mostraban tableros de ajedrez con 20 a 25 piezas a jugadores de alto nivel y a personas que no jugaban a este juego, para averiguar quiénes conseguían retener mejor la distribución. Lo curioso es que, siempre y cuando la colocación de las piezas obedeciera a una partida real, los maestros de ajedrez superaban ampliamente a los neófitos, pero en cuanto la colocación fuera aleatoria, apenas había ventaja.

Un tipo de investigación diferente confirma el hallazgo de que la memoria se desarrolla y no es algo innato[…] Los jugadores expertos tienen una capacidad inmensamente superior para superar posiciones de juegos reales, pero cuando los tableros o las manos se crean de manera aleatoria, las memorias de los expertos no pasan de normales[…] Los maestros de ajedrez no tenían unas memorias increíbles. Lo que tenían era una capacidad increíble para recordar posiciones de ajedrez reales.

3. El ejemplo de Rice

Jerry Rice es una leyenda del fútbol americano, por su larga y fructífera trayectoria. El autor, Geoff Colvin, dedica gran parte de un capítulo a analizar por qué un jugador con aparente mala predisposición a este deporte (tuvo varios obstáculos en sus inicios), consiguió alcanzar la máxima cota profesional.

Sin embargo, Jerry Rice fue el mejor receptor de toda la historia de la NFL[…]Rice fue el más grande porque era el que entraba más durante la temporaba y el que se preparaba más entre una temporada y otra[…] Sus entrenamientos se convirtieron en algo legendario por ser los más exigentes de la liga, y había otros jugadores que algunas veces se le unían para ver cómo eran. Algunos de ellos desfallecían antes de terminar. [Sobre el entrenamiento de Rice], el entrenador nunca revelaba esta información por temor a que otros jugadores resultaran lesionados intentando multiplicarlos por dos.

Pero, ¿qué es lo que hizo que Rice fuera tan bueno?
  • Dedicaba muy poco tiempo a jugar al fútbol americano. Analizando las horas, el autor llega a la conclusión de que Rice dedicaba menos del 1% de su trabajo relacionado con el fútbol americano a jugar partidos: el otro 99% eran horas de entrenamiento.
  • Diseño su entrenamiento para trabajar sus necesidades específicas. “El centraba su entrenamiento en los requisitos de su trabajo. No ser el receptor más rápido de la liga terminó siendo algo sin ninguna importancia“. Se hizo famoso por la precisión de sus patrones, su fuerza, su agilidad, su resistencia,… “Se concentraron en estas cosas y dejaron de lado otros objetivos que podrían parecer deseables pero eran secundarios
  • Realizó la mayor parte del trabajo por su cuenta. “Contaba con el importante asesoramiento de sus entrenadores, pero realizaba por cuenta propia la mayor parte de su entrenamiento
  • No era divertido. “No hay nada divertido en correr hasta el agotamiento o en levantar pesas hasta la crisis muscular. Pero éstas eran una actividades de gran importancia“. Es el sacrificio de una persona altamente motivada, apoyándose en una realidad: “la ventaja de la práctica es acumulativa“. Cuantas más horas practiques/te formes/entrenes, mejor es tu rendimiento. ¡Así de simple y así de duro!

4. Los ingredientes de la práctica deliberada

  • Un elemento clave de la práctica deliberada, según el autor, es que está diseñada. “Las personas con un rendimiento extraordinario aíslan aspectos increíblemente específicos de lo que hacen y se centran únicamente en ellos hasta que lo mejoran, y después pasan al siguiente aspecto”.
  • Puede repetirse varias veces. Debe ser dominada a través de la repetición.
  • Se emplea opinión externa sobre los resultados continuamente. “Si no pueden verse los efectos de la práctica, ocurrirán dos cosas: no se mejorará y dejará de resultar interesante“. Si hablamos de un deporte, necesitamos comprobar tras cada acción qué ha ocurrido. Si estamos practicando la oratoria, necesitamos alguien que nos escuche y nos evalúe.
  • Es muy exigente mentalmente. Es necesario evitar los automatismos, y emplear una concentración constante en lo que hacemos. Esto puede requerir grandes períodos de descanso, incluso en entrenamientos no físicos (algunos estudios de rendimiento, mencionados por el autor y realizados a violinistas de escuelas de gran prestigio, revelaban grandes de dosis de descanso diario para reponerse a la fatiga mental).
  • No es divertida. “Hacer las cosas que ya sabemos hacer es divertido, y ello es exactamente lo contrario a lo que exige la práctica deliberada. En lugar de hacer algo en lo que ya somos buenos, debemos buscar insistentemente algo que no nos salga bien”. Aunque no es un hecho agradable, practicar una repetición de habilidades de manera intensa, continuamente, no es divertido.
Conclusión: ¿cómo aplicar los principios de la práctica deliberada en nuestra vida?
  • Busca tu propia motivación. Si el rendimiento extraordionario proviene de la práctica deliberada, y ésta requiere horas de esfuerzo intenso que no es divertido, ¿cómo mantener eso en el tiempo? La única respuesta es: manteniendo “un fin en mente” en todo momento, ser tu propia fuente de inspiración y motivación.
  • Paciencia. Los resultados extraordinarios se obtienen tras invertir numerosas horas de trabajo. No desfallezcas. Se trata de un maratón, no de un sprint.
  • Aplica el modelo del ajedrez: estudia casos prácticos en el que nos centramos en el problema y evaluamos las soluciones propuestas. La esencia del modelo de ajedrez es la pregunta: ¿qué haría yo?
  • Realiza un acondicionamiento: detecta los puntos fuertes y las habilidades más interesantes para esa labor.
  • Trabaja habilidades concretas, surgidas tras aplicar el punto anterior, y desarróllalas a través de la repetición.
  • Márcate objetivos relacionados con el ‘cómo hacer las cosas’. En palabras de Colvin, “las personas con el rendimiento más alto se marcan unos objetivos que no se concentran en los resultados sino en el ‘proceso’ para conseguir mejores resultados”. Céntrate en el ‘cómo’.
  • Aplica la auto-observación.
  • Evalúate. Las personas con un rendimiento excelente se evalúan a sí mismas de una manera diferente a la que lo hace la otra gente. Son más específicas. La clave está en elegir una comparación que nos obligue a ir un poco más allá de nuestros límites actuales.
  • Considera la mejora continua como un principio base. ¡Kaizen!
  • Aprende a desconectar. No es posible rendir al 100% continuamente. Aprende a diferenciar los momentos de “entrenamiento”, los momentos propios del “partido” y los momentos de descanso.

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